Capítulo 28: la venganza no ha hecho más que empezar
Veo que mi hermana Kika no solo está dispuesta a mentir para desviar la atención, sino que lo hace con tal desfachatez y tanto atrevimiento que indigna. Sabes muy bien, querida hermana, que tengo pruebas más que suficientes en mi poder para acabar contigo y tu “poderío”, y que lo único que me ha detenido hasta ahora ha sido nuestra relación de hermanas, pero compruebo que para ti he dejado de ser tu hermana el día en que decidiste internarme en la clínica para llevar a cabo tus fechorías. Está bien querida, está bien, tengo mi conciencia bien tranquila: todos los que me conocen desde niña saben no solo que mientes, sino que estas declaraciones incendiarias son fruto de tu envidia y de tu maldad dirigidas hacia otra persona a la que quieres destrozar la vida indirectamente. He hablado con esa persona y me ha dado permiso para que cuente toda la verdad.
Mi hermana Kika, como he contado en otra ocasión, siempre imitaba a Odamae en todo lo que hacía: nuestra hermana mayor contrajo matrimonio con varios hombres a lo largo de su vida (y los que le quedan), y Kika no quiso ser menos. El primer marido de Kika se llamaba Ramón, pero ella le llamaba, cariñosamente, Moncho. Aunque era algo más agraciado que Jacinto en lo que al físico se refiere, su fortuna era inferior a la del marido de Odamae, algo que Kika no soportaba porque ella siempre quería tener más que Odamae: más hombres, más casas, más coches, más joyas, más dinero, más de todo. El caso es que Ramón y Kika no tuvieron relaciones sexuales hasta la noche de bodas: Ramón siempre hacía lo que su madre le decía, y ésta era partidaria de que tanto el hombre como la mujer debían llegar vírgenes al matrimonio. Tanto Odamae como yo nos reíamos de esta situación, pues las dos sabíamos que Kika había perdido la virginidad a una edad muy temprana y desde entonces no había parado de tirarse a todo aquello que tuviese tres piernas en un intento de superar a Odamae en número de hombres conquistados. Pero Ramón, tan inocente como Jacinto, pensaba que Kika era virgen: estaba tan enamorado de ella que se creía todo lo que mi maléfica y putísima hermana le decía. El día de la boda Ramón descubrió toda la verdad sobre Kika gracias a la fotógrafa, pero se lo perdonó por el inmenso amor que sentía hacia ella. Por la noche, en el momento de consumar ese amor, descubrió una verdad sobre si mismo que trastornaría a mi hermana para el resto de su vida. Ramón, al ver a Kika desnuda, comprendió por qué había llegado virgen al matrimonio: no había sido por las convicciones religiosas que su madre le había inculcado, sino porque él no era quien realmente quería ser. Al contemplar el cuerpo de Kika se dio cuenta de que él siempre había deseado tener ese cuerpo, el cuerpo de una mujer, Ramón siempre se sintió hembra y deseaba conocer a un hombre que la hiciese feliz el resto de su vida.
El marido de mi hermana era un hombre muy bueno y muy sincero, por lo que no pudo reprimir las lágrimas cuando todos estos pensamientos asaltaron su cabeza: Kika, pensando que Ramón lloraba al ver su cuerpo desnudo, se dirigió a él indignada y furiosa, exigiendo el divorcio. Ramón le explicó que sus lágrimas no se debían a ella, sino a él mismo, a lo que sentía en lo más profundo de su ser. Kika, tan egoísta y materialista, vio, en la transexualidad de Ramón, la oportunidad perfecta para exigir una gran suma de dinero por el divorcio.
Ramón, decepcionado con la reacción de Kika y temeroso de sus amenazas, accedió al chantaje y pagó el silencio de mi hermana con una suma de dinero tan grande que al pobre Ramón solo le quedó la cantidad suficiente para pagarse la operación y el tratamiento hormonal. Ante la opinión pública, Ramón y Kika se divorciaron porque él le había sido infiel en numerosas ocasiones (cuando la realidad era que mi hermana nunca le fue fiel a Ramón y mucho menos llegó virgen al matrimonio): nadie supo jamás del paradero de Moncho, excepto yo, que le ayudé en todo lo que pude, pues siempre me he sentido responsable del daño que mis hermanas iban haciendo por el mundo.
La verdadera razón de mi ingreso en la clínica se debe a que yo siempre he sabido de todas las maldades de mis hermanas, he sido testigo de muchas de ellas, he servido de tapadera, de cómplice y de coartada. Mi ingreso solo tenía un propósito: silenciarme para siempre. Lo único que han conseguido ha sido enfurecerme, porque yo, Tangi Vagi Destroyer, jamás habría traicionado a mis hermanas de no haber sido porque antes he sido traicionada. La verdad solo tiene un camino, pedazo de zorras, y ese camino se está andando.
Kika: has intentado hacerme daño con el vídeo de Ramón, y lo has hecho sabiendo que tu maldad no solo me haría daño a mi, sino también a tu ex marido, al que nunca perdonaste su gran sinceridad y que te rechazase como mujer. Pensabas que no diría la verdad en mi intento por proteger a Ramón, cuando él mismo ha sido quien me ha pedido que te desenmascare. Ha llegado tu momento perra: la venganza no ha hecho más que empezar.


