Hoy he recibido la llamada de nuestro primo Pancho. Me ha sorprendido, si os soy sincera, porque hace mucho tiempo que no sé nada de él. Pancho es hijo de mi tía Lula (la que lanzó el ramo en la primera boda de Odamae mientras ésta se cepillaba a los novios de sus damas de honor) y hermano de mi prima Chony (quien debía coger el ramo lanzado por su madre, pero que finalmente recogió Kika no sin antes pegarse la gran torta contra la pared). Es un chico muy agradable, siempre lo fue, y muy sencillo: quizás sean esas las razones por las cuales siempre se llevó muy bien conmigo y con mi hermana Odamae, mientras que con Kika no conectaba: mi hermana pequeña es muy snob, excesivamente elitista y una borde de tres pares de narices a la que ninguno de sus maridos aguantó más de un mes (a excepción de Ramón, que la habría soportado toda la vida de no haber sido por su descubrimiento sobre si mismo y su sexualidad).
El caso es que no sabía nada de Pancho desde que abandonamos el instituto. Por aquel entonces estábamos todos muy unidos, papi todavía vivía y mis hermanas, aunque ya estaban hechas unas zorras, todavía no habían cometido fechorías demasiado escandalosas. Recuerdo que íbamos juntos al instituto, compartíamos juegos, confidencias y horas de estudio. De pronto, un día, Pancho desapareció. Las únicas personas que sabían de su paradero eran la tía Lula y Chony, pero jamás soltaron prenda. Todo aquello nos resultaba un poco misterioso, y como no parábamos de preguntar por qué Pancho se había marchado sin decir nada, la tía Lula, harta de tanto interrogatorio, nos dijo que su hijo se había ido por un mal de amores y que había decidido rehacer su vida lejos, muy lejos de la persona que no le correspondía.
Hoy Pancho me ha llamado tras hablar con su madre, la tía Lula, con quien siempre me he llevado fenomenalmente y gracias a la cual me ha localizado. Como no podía ser de otra manera, mi primo me preguntó por mis hermanas y yo, que no puedo disimular mis sentimientos, le he contado todo lo ocurrido durante los últimos meses: el internamiento en la clínica, las blasfemias, acusaciones, injurias y amenazas, el tema de la herencia... todo! Pancho, naturalmente, se ha quedado de piedra y tan indignado que se animó a contarme lo que nunca le ha contado a nadie: Odamae era la persona de la que estaba enamorado cuando era un adolescente.
Hace unos cuantos años, Pancho se enamoró locamente de mi hermana Odamae, su prima, hasta el punto que llegó a obsesionarse con ella. Como era tan tímido, le costaba horrores confesarle unos sentimientos que, poco a poco, dieron lugar a pensamientos con un alto contenido erótico. Una tarde, Odamae y Pancho se encontraban en la habitación de esta grandísima zorra estudiando ciencias naturales, concretamente el tema de la reproducción humana. Mi hermana, que ha estado salida desde que tiene uso de razón, comenzó a hacer preguntas subiditas de tono a mi primo Pancho en un intento, según ella decía, de satisfacer su curiosidad académica. Hay que reconocer que mi primo siempre estuvo de muy buen ver y tenía a todas las jovencitas locas por sus huevos, perdón, por sus huesos. El caso es que, según Pancho, Odamae hacía preguntas cada vez más personales, hasta que, de pronto, se tumbó en la cama y comenzó a autocomplacerse delante de mi pobre primo Pancho. El pobre muchacho, sonrojado y completamente excitado, intentó acercarse a Odamae, pero ésta gran calienta braguetas le rechazó tras toquetearlo un rato. Aquel día marcó a mi primo y fue el desencadenante de su decisión: abandonar el pueblo y alejarse de la calentorra de Odamae.
Hoy Pancho ha rehecho su vida y me ha contado que es muy feliz con su mujer: se dedica al mundo de la animación y ha plasmado, en su obra, muchas de las vivencias pasadas. Me ha enviado este vídeo para que todos contemplemos hasta dónde llegó Odamae en su lascivia y perversión. Va por ti Pancho.