Mi hermana Odamae llevaba todo el año a dieta para entrar en un trikini desde que el año pasado se le metió entre teta y teta que este verano quería uno. Pero la pobre… no lo ha conseguido. Ayer, sin ir más lejos, fuimos a buscar el famoso trikini. La desdichada vino hundida para casa, sobre todo después de que una inteligente dependienta le recomendara un bañador con un poco de pierna y efecto “redumodel”, de los de toda la vida, y más acorde con su edad y su cuerpo tipo “termotanque”. Pero esta mañana se ha levantado de otra pasta y se ha ido toda decidida – qué osada es – a por el dichoso trikini. La justificación que ha dado es que las dependientas le tienen envidia. Ja, ja, ja, que la tengan de mi se entiende pero de ella…

Odamae es como un botijo de La Mancha, la pobre, y no se acepta tal y cómo es. Ya cuando se casó parecía una mesa camilla y para el día de su primera comunión se gastaron metros y metros de tela para aprisionar sus chichas y disimularlas. En la actualidad hace lo mismo pero con “flim”, que es un tejido de lo más vanguardista: ella se envuelve y se envuelve como Scarlatta O´Hara. Me dice: “Kika más, tira más fuerte, tengo que perder más centímetros”. Pero ella no se da cuenta que lo único que consigue es subir las chichas más y más y agrandarle la mega papada que ya de por sí tiene. Con su papada, si se hiciera otro lifting, podrían hacerse más de una cartera de piel de cualquier hiper chino. Con el primer lifting que se hizo nos hicimos un vacía bolsillos la mar de apañado.

Y es que ¿cómo lo va a conseguir? Mi hermana Odamae empieza el día con las 1.000 calorías, como Martirio, y a eso de media mañana le entra un come come que no se puede aguantar. Todo el día está con la boca ocupada, sino es con calorías es con otras guarradas impropias de una dama y de las que, no me cabe la menor duda, seguro se come hasta la traca final. Y eso, lo queráis o no, también son calorías. Sin ir más lejos, yo tengo una amiga que sólo se alimenta de “eso” y las analíticas rutinarias que se hace le salen perfectas a la cabrona. Todo alimenta, no lo niego, y lo que no mata engorda, pero todo tiene sus límites.

Por el contrario, Odamae es ilimitada. Ella es masiva. Se expande como el espacio cada día más y más, y también tiene agujeros negros, no os vayais a pensar. Hace años que no se ve los pies por más que ella se empeñe en usar zapatos de chúpame la punta para tratar de ver algo. Es inútil, aún así, no se los ve. Ella mira hacia abajo y ve lo que ve: tejido adiposo con pegatinas adelgazantes (está enganchadísima).

Esta tarde hemos ido a la playa, yo, ella y su trikini. Qué bochorno! Todavía no me he recuperado. Me he tenido que poner seria y decirle que no vuelvo con ella. Al principio pensé que la gente miraba mis pechos pues yo, de siempre, he hecho top-less y, claro está, mis pechos todavía están tersos, suaves, dignos de ver….Pero no, la miraban a ella. Si de pie ya es un número acostada no se queda atrás. Todo lo que le impide ver los pies se cae por su propio peso hacia los lados, incluídas las tetas, que emergen como una en Ceuta y otra en Cádiz. Para solucionar su problema hay que hacer una obra de ingeniería de tal envergadura que la presa de las tres gargantas se quedaría corta a su lado.

En fin, yo no es por criticar, pues a mi no me gusta nada, pero como Jaime Peñafiel, yo cuento las verdades, aunque duelan.

Bueno queridos lectores, os dejo ya, mi hermana Odamae tiene una cena y tengo que envolverla en “flim”. Dios nos coja confesadas!

Es palabra de Kika.