Mi hermana Kika me ha obligado a hablar de sus ex maridos, concretamente de los cuatro primeros: como ya comenté en otras ocasiones, Kika siempre quiso superar a Odamae en todo lo que hacía, aunque en el tema de los hombres nunca lo consiguió ni lo conseguirá, por mucho empeño que le ponga. Su competición llegaba a tales extremos que incluso se propuso contraer matrimonio más veces que nuestra hermana mayor.
Kika es más rica que nosotras por dos razones: la primera, se apoderó de toda la herencia de papá; la segunda, se casó con hombres a los que el dinero les salía por las orejas. Entre la herencia y los divorcios, Kika ha amasado una buena fortuna. Sinceramente, prefiero tener un nivel económico medio y la conciencia tranquila, que no estar nadando entre billetes de 500 euros y carecer de valores y principios.
Al principio pensaba que mi hermana pequeña había tenido muy mala suerte con los hombres con los que se había casado, pues sus cuatro primeros maridos resultaron ser gays. Kika no era fea (la cirugía la convirtió en lo que hoy es, no la madre naturaleza) y, al contrario que Odamae, yo no creía que sus ex maridos fingieran ser homosexuales porque Kika les desagradaba físicamente.
Kika tenía la manía de no acostarse con sus maridos hasta la noche de bodas, noche en la que los recién estrenados esposos la rechazaban uno por uno. Con el tiempo comprendí la estrategia de esta zorra: no se acostaba con sus ex maridos hasta la noche de bodas porque ella sabía que eran homosexuales desde el mismo día en que empezaba a salir con ellos. Todos eran hombres con una gran fortuna, hombres no demasiado guapos pero con unas cuentas corrientes de infarto, hombres a los que nunca se les había conocido novia. Kika se pegaba los homenajes con los guapos y pobres mientras tenía a pan y agua a sus ricos prometidos hasta la noche de bodas para no espantarlos. En su primera noche juntos, la más maquiavélica de mis hermanas sabía que no tendría que consumar el amor.
Odamae me comentó una vez que Kika le había contado que se ponía extensiones en la entrepierna y luego se las rizaba para satisfacer una fantasía que sus esposos, supuestamente, le habían revelado durante el noviazgo, una fantasía que, según ella, tenían muchos hombres y que les volvía locos: nada más lejos de la realidad. Kika utilizaba este truco para empujar a sus maridos a la confesión y, de paso, convencer a Odamae de que hiciese lo mismo para “enloquecer” a sus ligues. Esa zorra era muy lista y lograba su doble objetivo: asustaba tanto a sus maridos que le confesaban su homosexualidad, los chantajeaba y obtenía un divorcio millonario; y también asustaba a los ligues de Odamae, que huían despavoridos al encontrarse con semejante selva amazónica entre sus piernas.
El tiempo pone a cada uno en su lugar, querida hermana, y toda la verdad acaba saliendo a flote: tus ex maridos, hartos de tus chantajes, han decidido salir del armario públicamente y cerrar el grifo de la extorsión. Has conseguido mucho dinero con el divorcio, eso lo sabíamos todas, pero desconocíamos que siguieras chantajeando a esos pobres hombres a los que has sentenciado por amar a otros de su mismo sexo. Hoy colaboro para que tus ex maridos puedan, por fin, vivir libres de tus amenazas. Empieza a ahorrar querida, porque por este lado ya no vas a tener ingresos.