Mi hermana Kika ha demostrado que puede ser más maléfica que ninguna cuando se trata de contar barbaridades, maledicencias e infamias. No cabe duda que Odamae es la más zorra de las tres, ella misma lo reconoce, y que nuestra prima Jessy ha sido su mejor alumna, incluso por encima de Kika. Que mi salud mental es objeto de estudio en numerosas universidades nacionales e internacionales es algo que tampoco voy a negar, pero una cosa es tener unos brotes de vez en cuando y otra ser una chalada que ha robado dinero, arruinado a la familia y empeñado las joyas. Por ahí, querida zorra deslenguada, no paso.

En vez de lanzar acusaciones baratas, inventarte conversaciones delante del escaparate de Dolce & Gabanna y hacerte la víctima, deberías preguntarte por qué estoy con medicación desde que nuestra madre te trajo al mundo.

Mírate, ¿te recuerdas? ¡¡¡Ya entonces apuntabas manera de bulímica!!!

Como sé que no reflexionarás sobre nada de esto te daré yo misma la respuesta: tu nacimiento supuso para mi una alegría hasta que empezaste a caminar, a descubrir lo que podías conseguir abriéndote de piernas y a hablar por esa boquita que todo lo come y todo lo chupetea. Tú y mi hermana mayor Odamae me desequilibrasteis con vuestras travesuras, vuestras maldades y ese vicio que lleváis en el cuerpo y que a nadie deja indiferente. Nuestros padres no se enteraron ni de la cuarta parte de la vida enzorrada que habéis llevado gracias a que yo, que debería ser rebautizada como Tangina del Perpetuo Socorro, he tapado y ocultado gran parte de los escándalos que ibais protagonizando. No he podido ahorrarle a nuestro amantísimo padre todos los infartos que le habéis provocado, pero sí he evitado que sufriese muchísimos más. Tampoco he conseguido que nuestra madre no se avergonzase de vosotras cada vez que salía a la calle, pero al menos evité que tuviésemos que mudarnos a vivir a otro país. Estos hechos, querida desagradecida, me han pasado factura y el estrés que he sufrido con vuestra actitud ha desembocado en lo que tú tan alegremente cotilleas y criticas con tus nuevas amigas de escaparate y pijerío.

No voy a hablar de ex maridos ni de ex novios, porque si lo hiciese podría estar toda la tarde relatando el pasado de esta mamarracha que escupe semejantes despropósitos cuando no tiene nada que echarse a la boca. Os recuerdo a todos aquel capítulo en el que hablé de los primeros ex maridos de mi hermana, todos ellos gays, y de sus maquinaciones para chantajearles y vivir como una reina. Hoy voy a hablar de la verdadera adicción, aparte de la comida claro, de esta mala mujer: el sexo. Desde muy pequeña apuntaba maneras de zorra, si bien es cierto que Odamae era un auténtico ejemplo y un icono para ella que la ayudó a desarrollar sus aptitudes. Recuerdo que solía fingir que estaba enferma para pasarse los días de colegio tirada en la cama. Eso es algo que todavía hace hoy en día para no buscar un trabajo en vez de vivir del cuento y del dinero ajeno, y no es raro que una semana le duela la cabeza, otra la espalda o que se pase dos semanas sin salir de casa argumentando problemas con su aparato digestivo (aunque, todo hay que decirlo, siempre tiene un aerored a mano: ya de pequeña apuntaba maneras en lo que a este punto se refiere y hay que reconocer que desde que nació siempre ha tenido algún problemilla con sus defecaciones y los gases).

Una tarde descubrí las verdaderas razones de Kika para fingirse enferma. Era su cumpleaños, no quería ir al colegio y de nuevo, casualmente, se puso enferma. Se pasó el día en la cama mientras toda la familia le preparaba una tarta, compraba los regalos y adornaba la casa para celebrar una fiesta sorpresa. Pero la sorpresa nos la llevamos quienes entramos en la habitación de mi hermana aquella tarde. El vídeo que adjunto es muy ilustrativo y no quisiera estropearos la revelación contándola yo misma. La mentira tiene las piernas muy cortas querida y ya lo dice el refrán: se coge antes a Kika que a un cojo. Por zorra.