Los celos de mi hermana Kika hacia nosotras vienen de lejos. Es la menor de las tres, fue la más mimada, pero aún así siempre nos tuvo mucha envidia.
Odamae es la más hermosa de las tres, o al menos eso dicen, y a pesar de ello siempre quiso ser más bella todavía: por eso se sometió a numerosas operaciones de cirugía, liposucciones, etc. Kika, que la imitaba en todo lo que hacía, incluso en lo que a las operaciones se refiere, parecía Latoya imitando a Michael: si Odamae se operaba los labios, Kika también lo hacía; si Odamae se iba una semana a la Buchinger, Kika también se iba; si Odamae se pasaba por la piedra a dos hombres en una noche, Kika buscaba lo mismo o más.
Puesto que Odamae era y es muy bella, nuestros padres decidieron presentarla a concursos de belleza. Kika, como no, también quería participar e hizo todo lo posible para que la admitiesen en los mismos certámenes a los que acudía nuestra hermana mayor. Los problemas surgieron cuando Odamae ganaba un concurso tras otro y Kika siempre se quedaba como eterna segundona. Las decepciones de Kika se convirtieron en crisis nerviosas y nuestra vida familiar comenzó a resentirse debido a la competición enfermiza en la que entraron mis dos hermanas.
El último concurso de belleza al que se presentaron terminó como el rosario de la aurora: Kika, que se presentaba por Francia en un intento por hacer un guiño al jurado sobre sus habilidades con el "francés", manipuló las prendas de Odamae (se quedó desnuda tras desfilar con un par de vestidos, con el bikini y el traje de novia) y consiguió el efecto contrario: la atención y el aplauso del jurado, maravillado por el cuerpo de nuestra hermana que supo aprovechar esos momentos de desnudez involuntaria para hacerse la picarona y seducir al sector masculino que la estaba contemplando y juzgando. Kika, furiosa, histérica, fuera de si, pero disimulando sus verdaderos sentimientos mediante el método Pantoja (dientes, dientes, que es lo que les jode), decidió pasar a palabras mayores y acabó agrediendo a su propia hermana para librarse de ella y ganar el concurso. No lo consiguió: fue expulsada y Odamae recibió la corona igualmente a pesar de tener la cara llena de moratones.
Tras este incidente Kika no volvió a ser admitida en ningún concurso de belleza. El bochornoso espectáculo que protagonizó, empujando a su hermana en directo ante millones de personas, solo le sirvió para conseguir unas cuantas entrevistas televisivas y ahí encontró un filón que le reportaría cuantiosos beneficios económicos: en una de las entrevistas, Kika decidió mostrar a los televidentes una de sus muchas aptitudes con la boca. Nuestro padre, que estaba viendo la televisión en ese momento, sufrió uno de los muchos ataques que mis hermanas le provocaron con sus escándalos y comportamientos indecorosos. Cual Diana en la serie “V”, contemplamos cómo mi hermana dilataba al máximo su cavidad bucal y se introducía en la misma un globo con forma de p…. Bueno, indescriptible. Nosotras pensábamos que el mote de “garganta profunda” que tenía en el colegio se debía a la capacidad de nuestra hermana pequeña para meterse grandes cantidades de alimentos en la boca (recuerdo que una vez cortó una porción de tarta y se la metió entera, sin partirla, en su pedazo de bocaza, para masticarla un par de veces y tragársela como si tal cosa). Pero no: ingenua de mi, el mote de garganta profunda se debía a otra cosa (recordemos con qué clase de hombre estuvo antes de ingresar en la clínica conmigo y Odamae este verano, ese pedazo de hombre dotado de un miembro descomunal que la dejó en un estado de atontamiento tal que solo decía y veía una cosa: p…). Quizás por eso sus matrimonios, aparte de los que llevó a cabo con hombres gays metidos en el armario para luego chantajearles, han sido un fracaso: está acostumbrada a tamaños desproporcionados y eso, querida Kika, parece haberte dejado insensibilizada para disfrutar de un tamaño estándar.


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