Este fin de semana me he ido de rebajas con mis hermanas, aunque creo que solo Odamae y yo entendemos lo que es realmente ir de rebajas: Kika es tan, tan, tan pija que ha se ha dedicado a comprar la ropa de la nueva temporada y dejarse de precios rebajados. Hasta tal punto llega esta mujer y su snobismo que dos semanas antes de inaugurarse la temporada de rebajas decidió irse de tiendas y comprar lo que sabía que se encontraría unos días más tarde a mitad de precio. Pero ella es así, una manirota a la que le gusta aparentar. Le encanta aparecer por la boutique vestida con las prendas que ahora están rebajadas para que las demás clientas se sientan intimidadas y digan “mira ésta que poderío tiene que ha podido comprarse la ropa antes de que la rebajasen y nosotras aquí quejándonos porque nos parece poco la rebaja que le han hecho a la prenda”. Es tan fulana... Pero aparte de eso se dedica a llevar la ropa de una manera muy extravagante: el día que fuimos juntas de compras no se le ocurrió otra cosa que llevar una blusa del revés ¡¡¡abrochándosela por detrás!!! Encima solo llevaba abrochados los botones del medio para dejar a la vista la parte superior de su espalda y la parte inferior, ¡¡¡donde aquella termina su nombre!!! Pero lo peor fue que no dejaba de ir al baño para pellizcarse los pezones y que se le marcasen como dos garbanzos!!! Es tan zorra que a veces me dan ganas de arrancar el cartel de “salida” de la tienda y estampárselo en la cara.

Odamae tampoco se queda corta: mientras Kika se dedicaba a pasearse con la ropa que había comprado antes de las rebajas, luciendo extravagancia y pezones duros y humedecidos, Odamae no dejaba de preguntarle a la pobre dependienta por qué no tenían el jersey que le gustaba en color verde, la blusa con dos botones en lugar de seis o los pantalones a cuadros grises y azules en lugar de a rayas. La chica acabó pidiéndole a una compañera que la relevase porque no sabía qué contestarle a mi hermana que no dejó de preguntarle tonterías: hasta tal punto llegó que terminó preguntándole por qué rebajaban las prendas en un 40% en lugar de hacerlo a un 80%, que eso era un atraco y que ella estaba pasando por una situación económica muy difícil, que eran todos unos cabrones capitalistas que solo buscaban enriquecerse a costa de satisfacer un bien básico de la sociedad como es el poder ir vestidos por la calle y más en pleno invierno, que deberían precintarle la tienda por este saqueo indiscriminado a la población, por no pensar en aquellos más desfavorecidos que no llegan ni a mitad de mes y que también quieren participar de la alegría de las rebajas. “Porque llevamos un año esperando este momento señorita, un año”, le dijo mi hermana Odamae completamente fuera de si, “para que ahora vengan y ni siquiera nos rebajen las prendas como Dios manda, para que podamos comprarnos algo, que también tenemos que comer y pagar los recibos, pero claro, como a usted la tienda le da ropa, porque no me dirá usted que lo que lleva puesto se lo ha comprado no?”. La verdad es que mi hermana Odamae ha perdido un poco el norte, tanto que el otro día entró en la carnicería y a punto estuvo de estamparle los filetes al carnicero en toda la cara por no hacerle una rebaja: “¡¡¡que estamos en rebajas sinvergüenza, pero cómo se atreve a cobrarme el kilo de filetes al mismo precio que hace una semana, que estamos en la cuesta de enero desgraciado!!!”.

Yo no he encontrado nada este año y prefiero no hablar del tema porque no hay nada que me ponga más furiosa que levantarme ilusionada por la mañana, dispuesta a irme de tiendas para traerme unos trapitos nuevos a casa, y volver con las manos vacías porque lo que me gusta no está rebajado o ya no quedan tallas.

Después de las compras nos hemos ido a un restaurante y comimos juntas: bueno, comer, lo que se dice comer, comió Kika. Mientras que Odamae y yo nos pedimos una sopita de primero y un pescadito a la plancha con ensalada de segundo, ella se pidió un plato de lentejas de primero y un cocido gallego de segundo ¡¡para ella sola!!. Qué manera de comer, qué manera de abrir la boca, de ensanchar la garganta, de cogerlo todo con las manos, de salpicar cuando mastica... Menos mal que dijo que no tenía mucho apetito porque sino tienen que cerrar el local solo para darle de comer a ella. De postre Odamae se tomó un plátano con dos bolas de helado (siempre tiene que haber un momento fálico a lo largo del día), mientras yo me tomé una crema catalana. Kika, el surtido de tartas. Luego llegó el momento de las infusiones, los eructos y las flatulencias. Cuando nos trajeron la cuenta Odamae pidió que le guardasen las sobras de todo lo que habíamos pedido y se lo metiesen en las fiambreras que llevaba en una bolsa: "¡¡todo para el congelador, que hay gente que pasa mucha hambre en el mundo!!” dijo llena de razón. Mientras le rellenaban las fiambreras con lo que había sobrado me dediqué a poner una reclamación por la insuficiente ventilación de los baños, donde casi pierdo el conocimiento y muero por asfixia por culpa de los gases que mi hermana Kika se había tirado antes de entrar yo. Y es que el aerored es su mayor aliado pero se olvidó el Oust en casa y aquello parecía una cloaca. Así ha sido nuestro día de rebajas y así se lo he contado.