La cobardía es un boomerang que si no se sabe controlar acaba devolviéndote un golpe en la nuca cuando menos te lo esperas. Los hombres que movidos por la cobardía desaparecen sin dar santo y seña de su nuevo paradero, sin explicación alguna, como si la tierra se los tragara, tarde o temprano reaparecen en tu vida para pedirte perdón, con la más absoluta de las normalidades y la más desvergonzada caradura. Siempre vuelven porque el tiempo pone a cada uno en su sitio y la conciencia es muy perra y acribilla el pensamiento hasta hacerlo insufrible. Así, un día, sin más, regresa cabizbajo aquel hombre con el que habías compartido cama y te pide perdón, reconociendo su cobardía y añadiendo el tan socorrido “no quería hacerte daño”.Una se queda fría pensando qué haría si realmente quisiera hacerte daño!!

Pero te detienes, lo piensas, escuchas respetuosa su perdón y la patética frase “no quería hacerte daño”, y sólo te sale un “¿me tomas por imbécil?”.

Vayamos por partes amigas, porque esto merece un análisis pormenorizado de la situación:

El perdón, muy loable por otro lado, casi siempre es utilizado para que el culpable se sienta mejor y no la víctima. El que se quita el peso de encima pidiendo perdón es él, que después de un año o incluso más tiene “una nueva vida y las cosas más claras después de aquella época en la que tenía la picha hecha un lío y me aparté para no hacerte daño”. Pero qué melodrama es este?? Acaso les dan un manual en algún momento de sus vidas con estas frases típicas y tópicas? Y dicen que no ven telenovelas?? Anda ya! Para empezar el perdón a estas alturas del partido ya no le sirve a una mujer para nada. Ni se siente más reconfortada, ni se compadece ni nada de lo que ellos puedan imaginar que conseguirán con esas “bonitas” frases. Si acudimos a ese café-explicación es sólo para regodearnos en nuestro interior con vuestro patetismo.

Por otro lado, cualquier cosa que se diga o haga será tomada muy a la ligera y después de tanto silencio y tanto tiempo, una no puede creerse a pies juntillas tanto arrepentimiento y tanto perdón. Una lagrimita puede ayudar, pero nunca para volvernos más compasivas, sólo para corroborar lo patéticos que resultáis en esos estados. Es más, cuando llegamos a casa después de ese bochornoso espectáculo, seguimos con nuestras vidas, ni siquiera nos permitimos un minuto de insomnio. Es más todavía, llamamos a nuestras amigas y nos reímos hablando del tema, porque queridos, no es para menos!!! A veces los hombres pensáis que la palabrería y las galanterías siguen en auge; pensáis que seguimos viviendo en el siglo XIX y que vamos a seguir tragando como si fuéramos una ingenua dama protagonista de una novela de las hermanas Brontë. Y no, nada más lejos de la realidad. Nuestra vida sin vosotros es plena, haceros a la idea, no estamos atormentadas ni todo lo que vemos, hacemos u olemos nos recuerda a vosotros. Se acabó. Ya está, y a otro cosa mariposa.

¿Qué esperamos? Lo sé, queridos, eso es lo que os estáis preguntando desde que habéis comenzado a leer esto. Qué esperamos….buena pregunta. Yo sinceramente creo que la respuesta es NADA, sí, nada. Es decir, esperamos que no volváis a aparecer, porque a diferencia de vosotros, nosotras sí teníamos las cosas claras antes y, por lo tanto, ahora más. A diferencia de vosotros, no necesitamos pedir perdón porque no necesitamos ser perdonadas. A diferencia de vosotros no hay nada que nos remuerda la conciencia. A diferencia de vosotros estamos radiantes, seguras de nosotras mismas, guapas, alegres… A diferencia de vosotros, no tenemos que volver al pasado para buscar una estabilidad emocional. A diferencia de vosotros ya no tenemos heridas abiertas. Y a diferencia de vosotros nuestra cama ya tiene nuevo inquilino.

No hay perdón queridos, porque no se puede perdonar a alguien que no existe.

Para todos vosotros va esta canción, NADA, de La 5ª estación. Que la disfrutéis, guapos!!

Es palabra de Kika.