Desde que he enterrado el hacha de guerra me siento una mujer más humana pero sobre todo, más hermana, hermanísima. He prometido contar verdades y maravillas de mis hermanas y eso haré. Ahora nuestra relación ha mejorado y hemos olvidado aquellas rencillas ridículas que nos separaban.
Fruto de este buen rollo fue la llamada desesperada de mi hermana Odamae el pasado jueves. Acababa de recordar que el domingo tenía un compromiso ineludible al que debía acudir y no tenía nada que ponerse. En verdad, me preocupé un poco por sus faltas de memoria, ya que de sus otras faltas ya tenía conocimiento…pero no recordar que tenía una importante celebración me dejó muy pensativa. Los años pasan para todas, pero está claro, que ella, al ser la mayor, es la que más está sufriendo los achaques. Pobrecilla, a ver si Tangina y yo la llevamos a un buen neurólogo para que le haga un estudio pormenorizado.
El caso es que acepté encantada el reto y la acompañé de compras para asesorarla y vestirla como es debido. Hacía meses que no veía a mi hermana Odamae pues la guerra era tan fría que no quedábamos para nada. ¡Me quedé consternada cuando apareció ante mí en una céntrica calle! Estaba irreconocible: inmensa, masiva, potombo radical!! Qué pena me entró. He de reconocer que me entraron unos sudores fríos al verla pues de inmediato comprendí que la tarea que me esperaba aquella tarde iba a ser harto difícil. Respiré hondo y le di un cálido abrazo seguido de un par de besos y comencé a reforzarla: “qué guapa estás querida, qué tontas hemos sido durante todo este tiempo”.
Después de ponernos al día nos pusimos manos a la obra. Le pregunté de cuánto presupuesto disponía y los sudores retornaron. Dios mío, cómo iba a vestir bien a mi hermana con ese dinerito y esa talla??? Me reproché a mi misma ese pensamiento y como buena penitente que soy puse toda la carne de Odamae – que es mucha - en el asador.
Por una hermana se hace lo que sea, incluso entrar en tiendas en las que una ha jurado no entrar jamás, pero Odamae se lo merecía y su presupuesto no dejaba lugar a otras opciones, así que poco a poco nos fuimos alejando del centro para entrar en tiendas de barrio con precios más asequibles y tallas más grandes. Incluso entramos en un DIA que tenía ofertas especiales de textil. Sí amigas, si me he propuesto contar la verdad hay que hacerlo, para lo bueno y para lo malo: Odamae tiene un ligero problema de peso. Como sabéis, mis hermanas siempre han proclamado a los 4 vientos que una servidora se lo comía todo y que, poco más, estaba para que se hicieran cargo de mí los servicios sociales. Al ver a la Odamae he comprendido que nuestro problema es genético y que es necesario avisar a Tangina cuanto antes pues ella también puede ser víctima de un cambio en su metabolismo. La Odamae y yo ya usamos la misma talla, la 42; ella por engordar, yo por adelgazar, pero en cualquier caso, ¡¡¡¡ya es la misma talla!!! Sea dicho de paso que yo soy de una constitución más fuerte y de hueso más grueso, al contrario de Odamae, que es de hueso fino y piernas de gacela, por lo que los kilos le descompensan la figura.
El caso es que finalmente encontramos modelito para la Odamae , a pesar de romper tres cremalleras, dos botones, y cuatro costuras en el intento por meterse en tallas de tiempos pasados, y a pesar de que yo, su hermana pequeña, puse a su disposición parte de mi gran y selecto ropero exclusivo. Esperemos que en la celebración no haya dado mucho que hablar y que la faja con refuerzo extra que compramos en el bazar chino le ayude a pasar más desapercibida.
Cuando terminamos nuestro periplo mi hermana Odamae estaba tan tan hundida que tuve que tomar cartas urgentes en el asunto para levantarle el ánimo, así que me la llevé a tomar un chocolate con churros y pronto recobró la sonrisa y el entusiasmo por vivir. Tuve que prometerle que escribiríamos a Cambio Radical para buscar ayuda y que si no la llamaban, yo misma movería mis contactos para logarlo. Y es que Odamae tiene que hacer tantos arreglos que van a necesitar dos programas por lo menos, pero ella, que es tan buena, generosa y gorda, se lo merece.
Un besazo Odamae. Te quiere tu hermana Kika.
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