Mi hermana Kika es maléfica: a esta conclusión he llegado en multitud de ocasiones, pero esta vez estoy completamente segura de que es así. Este fin de semana, mientras me encontraba en casa descansando, recibí un mensaje de esta sujeta desequilibrada llamándome “puta”: sí amigos y amigas, así se las gasta esta barriobajera radical. Sin venir a cuento de nada me insulta vía sms y se queda tan ancha. Yo, que estoy en un momento de paz interior como nunca lo había estado antes, me propuse no contestarle pero mi látigo de la indiferencia no surtió efecto. Un nuevo mensaje, un nuevo insulto: “perra”. No quise darle importancia pero enseguida recibí el tercero: “fulana”. El no contestar a sus provocaciones debió activar su ira y el cuarto mensaje ya fue demasiado: “Aída Nizar”. “¡Ah no, eso sí que no!”, pensé para mis adentros, “que yo soy una señorita, me visto por los pies, me pongo mis braguitas y no peso 100 kilos bronceados a la parrilla”. Así que no me quedó más remedio que contestarle como se merece. Lo más fuerte que le dediqué a esta impresentable de mi hermana fue “puerca inmunda”, pero ella, de lengua vivaracha, picarona, venenosa y bífida, cargó contra mi con todas sus armas de mujer desquiciada. En uno de sus mensajes llegó a utilizar el nombre de nuestra hermana “Odamae” para insultarme: ¡¡qué desfachatez, qué falta de respeto por nuestra hermana mayor, qué atrevimiento!! Aunque a estas alturas todo el mundo sabe que Odamae es muy fulana no es plan de utilizarla como arma arrojadiza entre nosotras.
La verdad, no sé lo que le pasa a nuestra Kika. Dicen por ahí que lleva una temporada enamorada, que ha encontrado a un maromo que la satisface día y noche, que la tiene en éxtasis todo el día y que su ausencia la trastorna. Ella no nos cuenta nada pero las vecinas hablan: “¡¡la Kika tiene novio!!”. Si así fuera por fin habría surtido efecto el agua bendita que le eché en la cabeza la última vez que realizamos nuestra visita anual a la Catedral de nuestra querida ciudad de Santiago de Compostela. Cuántas veces he hecho el camino pidiendo, desde mis oraciones, que nuestra hermana dejase de ofrecer su flor para que todos la olisqueasen y se la entregase a un hombre de bien que la hiciese una mujer hecha y derecha, de provecho, respetable y asentada. Pero lo que no podía imaginar era que mis plegarias acabarían trastornándola de esta manera.
Mi hermana Odamae también ha escuchado los rumores de noviazgo pero nadie conoce a ese hombre, nadie le ha visto, todo el mundo se pregunta quién es... Las mujeres del barrio están histéricas, con un ataque de nervios permanente preguntándose si será alguno de sus maridos o novios el que satisface los bajos instintos de nuestra pérfida hermana pequeña y según parece ha llenado su corazón de primavera. El toque de queda se ha instalado en la ciudad para todos los hombres menores de 80 años y mayores de 18. Pobres ingenuas que no saben que bajo la casa de Kika se encuentran multitud de pasadizos secretos a través de los cuales puede llegar a prácticamente cualquier punto de la ciudad. Pero hay más: el rumor acerca del noviazgo de Kika no acaba aquí y se comenta que los fines de semana se queda sin su semental. Nadie sabe el por qué pero así sucede. Hay quien ha visto a Kika caminando por las calles algún que otro sábado hablando sola, danzando al cruzar un paso de cebra, besando a las farolas... Me han contado que los domingos no sale de casa y no quiere recibir visitas, que se pasa el día esperando a su amado y que ni se te ocurra pasar por su casa porque te echa a patadas vociferando uno de sus malfarios. Pobre Kika, pobre hermana mía: equilibrada los días laborables y desquiciada los días de guardar. Kika, hermana, no te guardo rencor por tus sms porque entiendo que estás loca de amor...


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