Qué bochorno... llevo días sin salir de casa después de ver a la loca de Tangina en Callejeros de Cuatro. Sabía que últimamente estaba perdiendo el norte (y el sur y el este y el oeste) pero no creí que fuera para tanto. Entre la boda de Borjita Thyssen, el ingreso de mi hermana mayor en la clínica y el falso tipazo de Odamae, estoy que no levanto cabeza. A mayores tengo que leer cosas como las de esa fulana que tengo por hermana, que está tan crecida que se piensa que sigue de actualidad ¡tendrá valor! A Odamae le pasa como a la Obregón : no saben envejecer, se creen que siguen siendo objetos de deseo, visten como quinceañeras y siempre dan la nota para que se hable de ellas, aunque sea mal, el caso es hablar. Pero arrieros somos y en dermoestética nos encontraremos y ya le diré a esa tres o cuatro cosas muy bien dichas.

Tangina siempre fue muy urraca, las cosas como son. Mientras Odamae y yo teníamos un joyero de primera comunión ella presumía de baúl. Allí no sólo guardaba las alhajas baratas de mercadillo que le iban regalando sus escasos pretendientes, sino cualquier cosa con brillos, desde los envoltorios de los chimos hasta el papel albal en el que mamá conservaba el pescado. Siempre fue un poco gitana. Poco a poco Tangina se fue volviendo más y más insaciable e iba hurtando un cáliz en la iglesia, una medalla de la virgen de los imposibles del cuello de la abuela, el palo premiado del colajet de nuestra prima Jessy, los dientes que yo le dejaba al ratoncito Pérez, un cromo de Michael Landon en La casa de la pradera…. Vamos, que no había inutilidad que se le resistiera. Poco a poco, la muy fulana, fue creando su propia lista de Favorite Things siguendo los pasos, que tanto le marcaran, de Sor María en Sonrisas y Lágrimas. Una retahíla de cosas a las que acudir cuando se sentía mal. Sin embargo nadie nos percatamos que lo que había comenzado siendo una más de sus muchas rarezas acabaría por convertirse en una enfermedad.

Pero hagamos una pequeña acotación antes de seguir con nuestra historia:

Si hay algo que agradecerle a los tiempos que corren es que a las cosas se las llama por su verdadero nombre. Cuando nosotras éramos niñas a la locura acaparadora de Tangina la llamaban “robo”. Hoy, sin embargo, ya podemos llamarla con propiedad: síndrome de Diógenes. Este síndrome no debe ser confundido con el que yo padezco, el de DIORgenes, que a nadie hace daño, y consiste en acumular prendas y prendas de Dior hasta convertirlas en vintages de rabiosa actualidad. El síndrome de Diógenes (o de Tangina, como se quiera) sí molesta y es perjudicial para la salud de esta nuestra comunidad.

Fin de la acotación. Prosigamos, queridos lectores…

Todo cambió el día que el baúl de Tangina comenzó a oler mal-fatal. No era para menos: cuando cumplió 13 años, coincidiendo con su primera regla, empezó a guardar con celoso secreto los restos de comida que sobraban todos los días. A pesar de que Papi fue tajante e hizo desaparecer el baúl, Tangina no se amilanó y comenzó a utilizar toda su habitación como un auténtico estercolero. De hecho, había ocasiones en que las vecinas le traían a mi madre las bolsas de basura para que se las diera a Tangina, sabedoras de que entre vecinas hay que ayudarse. ( A pesar de sus rarezas, Tangina era una niña muy querida en la barriada. No así Odamae, que despertaba todo tipo de repulsiones entre las mujeres y todo tipo de bajos deseos entre los hombres. Yo, por mi parte, era la reina indiscutible de la barriada, una pequeña Marisol que colmaba de delicias a los vecinos).

Todo llegó a extremos insospechados cuando Tangina, años más tarde, pasó a formar parte de la unidad de criminalística de la Guardia Civil. Cuando se buscaba un cadáver, el primer sitio al que se recurría con los perros rastreadores era a la casa de Tangina. De hecho, en más de una ocasión se encontraron valiosísimas pistas para la resolución de los crímenes más misteriosos, y en una ocasión, hasta se encontró un fiambre. Mi hermana estuvo en nómina del Ministerio de Interior hasta la ley Orcuera que derogó expresamente el cargo que la puerca de Tangina ostentaba hasta la fecha.. Mientras tanto ella desempeñaba una gran labor social, pues además colaboraba con ¿Quién sabe dónde?, El caso, las noticias de Antena 3, El Mundo, Gente y Carmen Hornillos. Últimamente se habían puesto en contacto con ella para rodar todos los exteriores de ¡Qué desperdicio! pero ya era tarde…

Y es que el inminente re-ingreso de Tangina no se podía hacer esperar. Si recordáis, con motivo de los últimos acontecimientos protagonizados por Odamae tuve que hostiarla en varias ocasiones.. Tonta de mi que no supe ver/oler lo que se avecinaba!! Así que este fin de semana me llamó muy consternada la portera informándome de la última locura de mi hermana. Al parecer, con los ojos saliéndose de las cuencas, sudorosa, temblorosa, sucia…. fuera de punto, vaya, le imploraba a la portera que le dejara vaciar en el portal todo el contenido de un camión de la basura que había robado 3 manzanas más abajo. Yo podía oírla de fondo mientras trataba de convencer a la pobre señora, diciéndole que no se preocupara, que se ponía ya mismo a separar para reciclar y que no le iba a causar ninguna molestia… qué espectáculo!

Cuando me personé en el lugar de lo hechos sólo pude ver la ambulancia del samur alejándose y a la portera en la azotea amenazando con saltar.

Dios nos coja confesados: TANGINA HA VUELTO A INGRESAR